Esperanza · 1 Samuel 1:19–20
Dios tiene la última palabra
Las circunstancias pueden hablar fuerte, pero nunca tienen la palabra final.

“Y Jehová se acordó de ella… y dio a luz un hijo.”
1 Samuel 1:19-20, RVR60
Hola amigo,
Hay momentos en la vida cuando las circunstancias parecen haber pronunciado una sentencia definitiva.
El médico dijo algo.
Tu esposo o esposa tomó una decisión.
Tu hijo se alejó.
En el trabajo te dieron una noticia que no esperabas.
Una puerta se cerró.
Y todo parece decir:
“Esto ya terminó.”
Pero la historia de Ana nos recuerda una verdad que necesitamos guardar en el corazón:
Las circunstancias pueden tener algo que decir, pero Dios tiene la última palabra.
Ana conocía muy bien lo que era vivir con una carga que no podía resolver por sí misma.
Durante años había deseado tener un hijo.
Había llorado.
Había sufrido.
Había soportado incluso las provocaciones de Penina.
Y llegó un momento en que su dolor era tan profundo que fue delante del Señor y derramó su alma.
La Escritura dice:
“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.”
1 Samuel 1:10, RVR60
Ana entendió algo importante:
Si ella no podía cambiar su situación, tenía que acudir al Dios que sí podía obrar en medio de ella.
Y eso hizo.
Oró.
Lloró.
Derramó su corazón.
Y dejó su carga delante del Señor.
PERO DIOS NO RESPONDIÓ INMEDIATAMENTE
Esto es importante.
Ana salió del templo después de haber orado, pero todavía no estaba embarazada.
Su situación externa no había cambiado.
No tenía una garantía visible.
No tenía todavía a Samuel en sus brazos.
Pero algo había cambiado dentro de ella.
La Biblia dice:
“Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.”
1 Samuel 1:18, RVR60
¡Qué hermoso!
La respuesta todavía no había llegado, pero la paz sí.
Ese es uno de los grandes secretos de la oración.
Muchas veces queremos que Dios cambie primero las circunstancias para entonces tener paz.
Pero Dios puede darte paz antes de cambiar las circunstancias.
Ana todavía tenía que esperar.
Todavía tenía que caminar por fe.
Pero ya había colocado su carga en las manos correctas.
“Y JEHOVÁ SE ACORDÓ DE ELLA”
Después leemos estas maravillosas palabras:
“Y Jehová se acordó de ella.”
1 Samuel 1:19, RVR60
Eso no significa que Dios se había olvidado de Ana y de repente la recordó.
En el lenguaje bíblico, cuando Dios “se acuerda”, significa que Dios actúa conforme a Su propósito y Su fidelidad.
Llegó el momento determinado por Dios.
Ana concibió.
Y nació Samuel.
El mismo niño cuyo nombre quedaría para siempre asociado con una oración presentada delante del Señor.
No fueron las circunstancias las que tuvieron la última palabra.
Dios la tuvo.
TAL VEZ HOY ALGUIEN YA PRONUNCIÓ UNA PALABRA SOBRE TU SITUACIÓN
Tal vez fue un médico.
Tal vez fue tu jefe.
Tal vez fue una persona que amas.
Tal vez son tus propias circunstancias las que parecen estar gritándote que nada va a cambiar.
Escúchame bien:
No pongas tu esperanza en que necesariamente ocurrirá exactamente lo que tú deseas.
Nuestra confianza es aún más profunda que eso.
Nuestra confianza está en que Dios sigue siendo soberano, aun cuando todavía no sabemos cuál será Su respuesta.
Por eso, mientras Dios no haya terminado Su obra, tú tampoco puedes declarar terminado lo que Él todavía está haciendo.
Los hombres pueden hablar.
Las circunstancias pueden cambiar.
Las puertas pueden cerrarse.
El diagnóstico puede ser difícil.
La situación en casa puede parecer imposible.
Pero ninguno de ellos ocupa el trono.
Dios sí.
Y cuando perteneces al Señor, tu vida no está gobernada por las circunstancias.
Está en las manos de un Dios sabio, bueno y soberano.
PUEDES TENER PAZ ANTES DE TENER LA RESPUESTA
Tal vez Dios cambie tu circunstancia.
Tal vez Dios decida sostenerte en medio de ella.
Tal vez la respuesta llegue mañana.
Tal vez tengas que esperar meses.
Y quizás la respuesta de Dios sea diferente de la que imaginabas.
Pero puedes hacer hoy exactamente lo que hizo Ana:
Llevar tu carga al Señor.
Puedes decir:
“Padre, esto está fuera de mis manos, pero no está fuera de las Tuyas.
No sé qué vas a hacer.
No sé cuándo vas a hacerlo.
Pero sé quién eres.
Y por eso pongo mi carga delante de Ti.”
Mi amigo:
Las circunstancias pueden hablar, pero no son soberanas.
Las personas pueden opinar, pero no gobiernan tu vida.
El mundo puede pronunciar su veredicto, pero Dios continúa sentado en Su trono.
Así que lleva tu carga al Señor.
Y mientras esperas Su respuesta, descansa en Su carácter.
Porque quizá todavía no conoces el final de la historia.
Pero conoces al Dios que la está escribiendo.
Que el Señor te conceda Su paz mientras esperas en Él.
Juan Gil
Una palabra de ánimo también se puede compartir.

