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Familia · Santiago 1:19

Una cosa que he aprendido después de años escuchando familias

Las grandes distancias casi siempre empiezan con conversaciones pequeñas que nunca tuvimos.

Una Biblia y una taza sobre una mesa, con una familia conversando al fondo.

Hola amigo,

Después de años pastoreando, escuchando matrimonios y hablando con padres e hijos, hay algo que he visto repetirse muchas veces:

Las grandes distancias casi nunca comienzan con un gran problema.

Muchas veces empiezan con cosas pequeñas.

Una conversación que se pospuso.

Una molestia que no se expresó bien.

Una pregunta que nunca se hizo.

Una herida que parecía insignificante.

Y poco a poco, sin darnos cuenta, dejamos de hablar de lo que realmente importa.

La Biblia dice:

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”

Santiago 1:19, RVR60

Ese versículo parece sencillo.

Pero si lo aplicáramos de verdad en nuestros hogares, muchas cosas cambiarían.

1. NO ESPERES A QUE HAYA UNA CRISIS PARA HABLAR

Muchas familias empiezan a conversar cuando ya están cansadas.

Cuando alguien explotó.

Cuando uno de los hijos se alejó.

Cuando el matrimonio ya está lleno de tensión.

Pero las conversaciones importantes no deben comenzar solamente cuando hay problemas.

A veces necesitamos detenernos antes y preguntar:

“¿Cómo estás realmente?”

2. PREGUNTA ANTES DE ASUMIR

Una de las cosas que más daño hace en las relaciones es pensar que sabemos por qué la otra persona hizo algo.

“Seguro lo hizo porque no le importa.”

“Seguro está molesto conmigo.”

“Seguro mi hijo ya no quiere hablar conmigo.”

Pero muchas veces estamos respondiendo a una interpretación, no a la realidad.

Una pregunta puede evitar una herida innecesaria.

3. ESCUCHA PARA ENTENDER

Esto puede parecer obvio, pero no siempre escuchamos para entender.

A veces escuchamos esperando nuestro turno para responder.

O mientras la otra persona habla, ya estamos preparando nuestra defensa.

Santiago nos dice:

“Pronto para oír.”

Escuchar también es una forma de amar.

Especialmente dentro del hogar.

ESTA SEMANA HAZ ALGO SENCILLO

Busca a alguien de tu familia.

Tu esposo.

Tu esposa.

Uno de tus hijos.

Tu mamá.

Tu papá.

Y hazle una pregunta sencilla:

“¿Cómo estás realmente?”

Después haz algo todavía más difícil:

No interrumpas.

No corrijas inmediatamente.

No soluciones todo.

Primero escucha.

Quizás esa conversación de diez minutos haga más bien de lo que imaginas.

Las familias fuertes no son familias donde nunca hay problemas.

Son familias donde todavía existe suficiente amor, humildad y gracia para seguir hablando.

Que el Señor nos ayude a ser hogares donde se escucha, se perdona y se habla con gracia.

Juan Gil

Una palabra de ánimo también se puede compartir.